-“Ojos que no ven corazón que no siente” -escuché al pasar- y la de los ojos abiertos preguntó por los lentes. Claro, pensé, como no tengo los anteojos puestos hago de cuenta que el gas no subió y que el petróleo sigue siendo nuestro y que esa gente que corre no corre ni prende el fuego que nunca se apagó. (-¿Ojos que no ven corazón que no siente? Mirá, hace frío, che, y encima nuestro gas se ventea…)
En esta miopía generalizada los anteojos ya no corrigen ninguna visión y el pescadito intercostal intenta seguir latiendo al ritmo del corazón pero, claro, depende del aumento dice mi vecino que también corre y se suma al incendio en el que aquellos anteojos que supimos conseguir arden como hoguera del “sálvese quien pueda”. Amanece Vigilia.